Así es. Según informó ayer el diario Crítica de la Argentina, Defensoría del Pueblo denunció a la marca de ropa Kosiuko (que obviamente negó todo) de tratar a los trabajadores como esclavos. Miren la declaración de Concepción, boliviana empleada en uno de los talleres textiles en Crisóstomo Álvarez
“Trabajábamos de siete de la mañana a diez de la noche y nos pagaban 700 pesos por mes. Dormíamos en un depósito de dos por dos con otras dos mujeres en camas marineras. La patrona nos trataba mal, no nos dejaba ir al baño y en una oportunidad me tuve que hacer encima (...) Nos daban de comer ahí mismo en el taller, desayunábamos un té con un pedazo de pan, almorzábamos un guiso de arroz o fideos con agua de la canilla. No nos dejaban salir porque decían que nos podía ver la gente.”, contó Concepción, ciudadana boliviana empleada de un taller textil ubicado en la calle Crisóstomo Álvarez 3914 de la ciudad de Buenos Aires, donde se confeccionaban prendas para la marca Kosiuko y cumplían labores otros tres hombres y cuatro mujeres en condiciones de esclavitud.

El tema es complicado porque la marca se desliga muy rápido de toda responsabilidad ya que terceriza la parte textil. Es decir, ellos contratan a la firma Kowseff S.A. que tiene el taller y a su vez es Andrea Miyawawa la que retira las prendas. Entonces cuando estas cosas llegan a la opinión pública, cortan por lo sano: rompen relaciones comerciales con mengano o suntano y se acabó.
La próxima vez que vayas a comprar algo de esa marca, sabe que cuando te ponés ese jean, un tipo fue tratado como un esclavo (sé que es un comentario que cae en lugar común porque miles y miles de empresas explotan a sus trabajadores, pero está bueno remarcarlo)