No es fácil escribir un post para defender a la religión. Menos si esa es la religión católica. Pero bueno, hago el intento ya que soy católico creyente y practicante de vez en cuando. De chico iba a misa, después dejé de ir y ahora cada tanto me acerco. Mi distancia más fuerte fue recién comenzada la facultad con tantos nuevos autores que despotricaban contra las religiones. Pero sucedió algo que me hizo creer de nuevo. El miedo a una tragedia que por suerte no fue me hizo rezar. Y rezar mucho. El hecho de que uno se acerque a Dios cuando lo necesita es egoísta, porque luego uno no se acerca para agradecer. Desde aquel día lo hago.
¿Por qué necesito creer? No puedo concebir el hecho de que después de la muerte no haya nada más. Y aunque me tilden de iluso o ingenuo, estoy convencido en el cielo y el infierno. Es decir, creo, o quiero creer, que aquella persona que es inmoral o que no tiene piedad después de esta vida pagará por eso. Y aquel que tiene una conducta que ayuda a la sociedad a progresar luego tendrá su premio. Además necesito sentir que hay alguien que me va a cuidar en los peores momentos.
El otro aspecto, más polémico aún, es el hecho de que defiendo a la Iglesia Católica. Y defenderla en reuniones públicas es como intentar convencer a D´Elía que no todos somos la derecha fascista. Sé que hay curas depravados, ladrones y hasta negocios que atiende esa institución. Pero la Iglesia está hecha por hombres y el hombre no es bueno por naturaleza, sino malo. Entonces más allá de los errores que cometan sus administradores, creo en la Iglesia y en los valores originales que representa.
En fin, el tema da para escribir libros y libros. Simplemente quise plasmar esto desde Nochebuena, ya que pienso que se convirtió en un espectáculo consumista más, cuando nos olvidamos que lo más importante (para los creyentes) es estar en familia y celebrar el nacimiento de Jesús.

